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10 maneras de rebelarte contra la cultura de las dietas

Foto del escritor: Dalit Szkolnik MA, RD, LD/N, CEDS-C
Dalit Szkolnik MA, RD, LD/N, CEDS-C
hace 3 horas
6 min de lectura

¿Qué es la cultura de las dietas? Es una forma de pensar y un conjunto de creencias que consideran la forma y el tamaño del cuerpo como indicadores principales de la salud y del valor moral de una persona. Dentro de esta cultura, la delgadez se valora por encima de otros tipos de cuerpo, los alimentos se califican como “buenos” o “malos” y se discrimina a los cuerpos que no cumplen con el ideal establecido.


La cultura de las dietas ejerce una presión dañina a través de mensajes constantes: nos enseña a desconfiar de las señales del cuerpo al promover las dietas y la restricción, ignora nuestra genética, desalienta la flexibilidad al comer y desconoce la diversidad corporal.


Está a nuestro alrededor, tanto de forma evidente como sutil. Vamos por la autopista y vemos una valla que ofrece un programa para adelgazar. Revisamos el teléfono y aparecen artículos sobre las mejores dietas. Hasta en una reunión familiar escuchamos a nuestros seres queridos quejarse de su cuerpo o justificar lo que están comiendo. Entre tantos mensajes, es fácil acostumbrarnos a ese lenguaje y perder de vista la diferencia entre cuidar nuestra salud y seguir las exigencias de la cultura de las dietas.


Puede resultar abrumador pensar en ir en contra de una industria que mueve miles de millones de dólares y depende de esos mensajes para mantenerse. Sin embargo, reconocer esa presión y cuestionarla nos permite acercarnos a nuestros valores y a las señales de nuestro cuerpo.


Hay pequeñas maneras de resistir y tomar distancia de esta cultura para empezar a sentir más tranquilidad.


1. Entre amigas, evita hablar mal sobre nuestros cuerpos


Las conversaciones sobre el cuerpo casi siempre se enfocan en lo que no nos gusta o en lo que sentimos que "tenemos" que cambiar. Rara vez escuchamos algo como: "¡Me encanta cómo se me ven las piernas con este traje de baño!" o "¡Hoy me encanta cómo se me ve el trasero!".


Más bien, solemos señalar lo que consideramos defectos y acompañarnos en la queja. Así, sin darnos cuenta, reforzamos la idea de que cambiar el cuerpo y buscar la delgadez nos hace mejores personas.


Puedes cuestionar esa dinámica dejando de participar en esos comentarios y llevando la conversación hacia otro tema. También puedes reconocer algo que aprecias de ti o de lo que tu cuerpo te permite hacer.


2. Deja de seguir cuentas que te presionan a cambiar tu cuerpo


Las redes sociales, el contenido de “inspiración fitness” y las fotos de antes y después alimentan la presión por alcanzar un ideal corporal.


Celebrar constantemente la pérdida de peso y las transformaciones físicas deja poco espacio para reconocer nuestra genética y valorar la diversidad de los cuerpos.


Fíjate en cómo te sientes después de revisar cuentas de belleza o ejercicio. Si terminas con más tristeza, ansiedad o ganas de restringir lo que comes, date permiso para dejar de seguirlas.


También puedes buscar cuentas que representen distintos tipos de cuerpo. Redefinir la belleza implica abrir espacio para esa diversidad, en lugar de celebrar únicamente el adelgazamiento.


3. No te dejes llevar por las dietas de moda


En 2019, la industria de las dietas alcanzó un valor de 72 mil millones de dólares. El texto original relaciona este negocio con la dificultad de mantener los resultados y con la búsqueda constante de nuevos servicios y métodos para adelgazar.


También cita una cifra atribuida a NEDA según la cual el 95 % de quienes hacen dieta recuperan el peso perdido en un plazo de uno a cinco años, y señala que muchas personas experimentan cambios en su metabolismo o terminan recuperando más peso.


Además del malestar que puede producir restringir lo que comes, está la angustia de sentir que “fracasaste” cuando los resultados no se mantienen.


Desde esta perspectiva, la invitación es a dejar de culparte: que una dieta no dé los resultados prometidos no significa que te haya faltado voluntad.


4. Disfruta las celebraciones sin miedo a la comida


Muchas fiestas, fechas especiales y reuniones giran alrededor de la comida, porque comer también es una forma de compartir, expresar cariño y mantener nuestras tradiciones.


Cuando sentimos miedo a ciertos alimentos o inseguridad con nuestro cuerpo, las celebraciones pueden convertirse en una fuente de preocupación. Nos cuesta confiar en nuestra capacidad de disfrutar cuando hay más comida o preparaciones diferentes a las habituales.


Ese miedo puede alejarnos de las señales de hambre y saciedad, del disfrute y de nuestros seres queridos.


Reconocer que la comida es una parte natural y valiosa de las celebraciones nos permite hacerle espacio dentro de nuestra alimentación cotidiana. Podemos compartir con quienes queremos y disfrutar los sabores de la ocasión.


5. Presta atención a lo que se vende como “bienestar”


La cultura de las dietas se ha apropiado de una palabra hermosa: bienestar. El texto original la relaciona con la definición de salud de la Organización Mundial de la Salud: un estado de bienestar físico, mental y social que va más allá de la ausencia de enfermedad.


Sin embargo, muchas veces se utiliza la palabra *wellness* para juzgar lo que comemos y cuánto ejercicio hacemos.


El deseo de nutrirnos y movernos puede transformarse en una exigencia en la que la flexibilidad se considera un fracaso y la rigidez se confunde con salud.


Cuando creemos que solo ciertos alimentos representan bienestar, dejamos por fuera sus dimensiones psicológicas y sociales: poder adaptar nuestros horarios, comer por placer y darle a la comida un lugar dentro de una vida equilibrada.


6. No clasifiques los alimentos como "buenos" o "malos"


Cuando les damos un valor moral a los alimentos, también empezamos a juzgarnos según lo que comemos.


Si creemos que ciertos alimentos nos hacen "mejores", podemos sentir que estamos haciendo lo correcto únicamente cuando los elegimos. Y cuando comemos algo que se sale de esas reglas, aparecen la culpa y la crítica.


Esa dinámica puede aumentar el descontento con nuestro cuerpo y debilitar la confianza en nosotros mismos.


Lo que comes no determina qué tan buena persona eres.


7. ¡Ponte tu traje de baño!


El traje de baño puede ser una de las prendas que más inseguridad nos genera. Al mismo tiempo, nos permite disfrutar de experiencias tan sencillas como pasar un día en la playa, meter los pies en el mar o refrescarnos en una piscina cuando hace calor.


Son momentos para conectar con las sensaciones del cuerpo, disfrutar el presente y compartir con quienes queremos.


Sin embargo, muchas personas se pierden esas experiencias por miedo a lo que otros puedan pensar al ver su cuerpo más expuesto.


Ponerte el traje de baño puede ser una manera de darle prioridad al disfrute, la conexión y el movimiento frente a la presión por ser más delgada.


¡Anímate a meterte en el agua!


8. Evita convertir las dietas y la pérdida de peso en tus propósitos


Mantener una alimentación restrictiva o vivir pendiente de reglas rígidas puede generar una lucha constante con las necesidades del cuerpo.


Cuando toda nuestra atención está puesta en metas de comida o peso, podemos quedarnos atrapados en lo que creemos que “deberíamos” hacer, en lugar de reconocer lo que necesitamos.


Al proponernos cuidar y respetar el cuerpo, podemos empezar a prestar atención a las señales de hambre y saciedad y a reconocer cuándo necesitamos alimentarnos, movernos o descansar.


Dejar de organizar la vida alrededor de una talla o un número abre espacio para una relación más tranquila con el cuerpo.


9. Toma distancia del contenido que glorifica adelgazar


Muchos medios celebran la pérdida de peso y, al mismo tiempo, estigmatizan a los cuerpos que no encajan en sus ideales de belleza. Así contribuyen a la gordofobia y a la discriminación por el peso.


Los artículos, las cuentas y los programas que ofrecen recomendaciones generales para cambiar el cuerpo no conocen tus necesidades individuales.


Cuando les damos demasiado espacio, puede resultar más difícil reconocer nuestra propia experiencia y lo que nos hace bien.


Tomar distancia de los mensajes que ponen la delgadez por encima de todo nos permite dedicar más atención a nuestro bienestar.


10. Deshazte de la balanza


Si pesarte con frecuencia aumenta la preocupación por tu cuerpo y hace que ignores el hambre o la saciedad, vale la pena revisar el lugar que ocupa la balanza en tu vida.


Incluso si tu equipo tratante necesita hacer seguimiento de tu peso por razones clínicas, puedes conversar sobre la posibilidad de dejar ese control en la consulta, donde se utiliza como un dato más de tu atención médica.


Darle prioridad a tu salud mental, a tu tranquilidad y al cariño con el que te tratas puede ser un paso importante para dejar atrás la cultura de las dietas.


Tu vida merece más espacio que un número.


Sigue leyendo sobre este tema: The Tyranny of Thinness


¿Qué sucede cuando la presión por ser delgados se vuelve tan habitual que dejamos de cuestionarla?


En The Tyranny of Thinness («La tiranía de la delgadez»), la filósofa Céline Leboeuf, PhD, combina experiencias personales, pensamiento feminista y análisis cultural para examinar cómo la delgadez llegó a asociarse con el valor personal y cómo podemos empezar a cuestionar esa conexión.


Si este artículo te ha llevado a reflexionar sobre los mensajes que has recibido acerca de la comida y tu cuerpo, considera incluir este libro en tu lista de lecturas. Ofrece una oportunidad para comprender las presiones culturales que hay detrás de esos mensajes y explorar una relación más compasiva contigo mismo.




 
 
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Dalit Szkolnik, MA, RD, LD/N, CEDS-C  | Atención nutricional especializada en TCA  | Consultas virtuales en español e inglés  | Desde Miami, Florida.

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